jueves, 14 de abril de 2011

"Mi tío, Walt Disney, no está congelado, hibernado ni nada"


Es el restaurador de "Destino", el corto que Salvador Dalí 
dibujó para Disney. Escribió, dirigió y produjo muchos 
largometrajes para los estudios de su tío.






Víctor M. Amela
A los 74 años, se ha empeñado en restaurar el inconcluso cortometraje de animación "
", que Salvador Dalí dibujó en 1946 en los estudios Disney —fundados por su tío, 
Walt— y que puede verse hasta el 23 de marzo en una muestra de homenaje al pintor 
catalán en CaixaForum, en Barcelona. El corto tiene una duración de seis minutos y ha 
permanecido oculto durante medio siglo. Roy Disney —cineasta que ha escrito, dirigido y 
producido muchos largometrajes para Disney— ha dejado por unos días a sus cuatro hijos, a 
sus 16 nietos y a su ciudad natal, Los Angeles, para estar en esa exposición de Barcelona 
donde habla sobre "Destino", sobre la amistad de su tío y Dalí, y sobre el origen de algunos 
mitos. 

—He crecido convencido de que Walt Disney, al morir, pidió que lo congelasen...
—Ya, ya, para volver un día a la vida, ¿no? 

—Eso es: cuando la ciencia lo permita.
—Pues olvídelo: mi tío Walt no está congelado, criogenizado, hibernado ni nada. A los dos 
días de su muerte, lo incineramos. Y sus cenizas reposan en un cementerio a pocos 
kilómetros de mi casa. 

—¿De dónde surgió ese rumor, entonces?

—De las ganas de que Disney viviese... ¡Ojalá! De 

nuestra ansia de inmortalidad... 

—Dalí la tenía: creyó ese mito sobre Disney.
-Ja, ja... Se caían muy bien, Disney y Dalí. "He contactado en Hollywood con tres surrealistas 
americanos: Disney, Hitchcock y los hermanos Marx", escribía Salvador Dalí a André Breton 
en una carta de 1937. En 1945 trabajaron juntos en "Destino".

—¿Cómo era su tío Walt en la intimidad?
—Cuando yo tenía seis años, veía en el jardín de casa a mi padre y a sus hermanos competir 
en deportes. Eran cuatro hermanos: mi padre, Roy Disney, era el mayor, y Walt era el 
pequeño. ¡Yo veía a mi tío casi como a un travieso hermano mayor!

—¿Ya había creado a Mickey Mouse?

—Hacía poco: yo nací en 1930, y Mickey dos años antes. ¡Es el único personaje Disney más 
viejo que yo! Y con él empezó todo... 

—¿Veía usted de niño todas esas películas?

—¡Claro! Más aun: yo veía cómo dibujaban a lápiz muchas escenas hoy muy célebres...

—¡Qué privilegio!
—Cierto, pero yo entonces no sabía que lo era... Me paseaba por los pasillos de los estudios 
y aquellos dibujantes míticos bromeaban conmigo, me mostraban sus dibujos... 

—¿Por ejemplo?

—La escena en que Blancanieves es agarrada por los siniestros árboles del bosque nocturno: 
¡aún no he olvidado el miedo que sentí al ver aquel dibujo a lápiz! Aterrorizaba más a lápiz 
que luego coloreado y animado.

—Walt Disney era un poco sádico, ¿no? 

—«él sólo hacía lo que siempre hicieron los tradicionales cuentos de hadas: implicar 
emocionalmente al niño.

—Matando a la madre de Bambi, encerrando a la madre de Dumbo...
—Matando al padre del rey León... Así es cómo deben ser las narraciones: ¡tienen que apelar 
a sentimientos básicos! Y nada entiende mejor un niño que la sensación de desamparo, de 
sentirse perdido.

—Si Walt Disney ha hecho algún aporte a la humanidad, ¿cuál ha sido?
—Revolucionó la animación y la llenó de arte. El proceso técnico del dibujo animado, tan 
mecánico y frío, a él le apasionaba, y se volcó a mejorar esa tecnología, y además le añadió 
emoción. ¡Cuánto disfrutaría hoy con los ordenadores, con estas tecnologías!

—¿Qué cree que opinaría de los dibujos japoneses?

—Le interesarían, claro, pero pensaría como yo, creo: a una mente occidental le cuesta 
identificarse con esos arquetipos.

—¿Qué proyectos tenía su tío al morir?

—Una ciudad llamada Epcot.

—¿Una ciudad?

—Sí. Compró grandes extensiones de terreno en Florida para fundar lo que llamaba "la 
ciudad experimental del mañana": habría ahí las empresas más modernas, las casas más 
avanzadas, tecnologías pioneras...

—¿Y por qué no se hizo? 

—"¡Hagamos un parque de atracciones: es lo que dará dinero, Walt!", le decía mi padre. Eran 
socios en Disney: Walt era el idealista y mi padre el que firmaba los cheques.




Se puede afirmar entonces que este artículo periodístico es una "noticia deseada" ya que, nosotros mismos con el deseo de que Walt Disney, siguiera creando estos fantásticos dibujos animados, se encontrara congelado para luego ser descongelado y seguir con su trabajo que tanto nos supo maravillar. Desechando así las pruebas de que Walt Disney fue realmente incinerado y enterrado a pocas cuadras de su residencia.